

Con mapa en mano salimos del hotel, sabíamos que queríamos llegar, pero no sabíamos por donde...
Las calles de Roma tienen encanto y magia, su gente, sus turistas y sus edificios dan un sabor intenso a su realidad, caminamos sobre vía Veneto rumbo al metro Barberini, pero decidimos caminar hasta la estación Repubblica, en Piazza de la Repubblica, para tomar el tren, nuestro destino: El Coliseo.
Nos dirigimos hacia Termini en la Piazza dei Cinquecento, pues ahí debíamos transbordar ahora a la línea azul del metro con rumbo al Colosseo, de Termini a Cavour fueron sólo unos minutos y la siguiente parada sería nuestro objetivo.
Los rostros en el vagón estaban dispersos, las miradas de los romanos se topan con las nuestras de turistas emocionados y nerviosos por llegar y al mismo tiempo con ansias inmensas de plasmar en la memoria cada lugar, cada sabor, cada olor de la vieja Italia, en esta tan acariciada, deseada y soñada aventura...
Cuando aquella voz anunció el destino, mi hermano y yo nos voltéamos a ver, habíamos llegado ya, nos apresuramos a llegar a la puerta para salir y nos dirigimos hacia el pasillo para llegar a la escalera, tras ella la imagen fue irresistible: conforme subía cada escalón, la luz del día enmarcaba de manera perfecta el enorme edificio que se alzaba sobre mi cabeza. El emblemático Coliseo Romano con toda su historia y majestuosidad impresiona al primer impacto. No lloré, pero desee haberlo hecho, el Imperio romano con sus siglos de verdad estaba ahí en cada piedra de esa edificación majestuosa e imponente, la más más grandiosa obra de la arquitectura romana, pensar en el catolicismo y los millones de fieles que ahí fueron obligados a luchar por sus vidas, los emperadores, una de las nuevas maravillas del mundo ahí ante mis ojos.
Cientos de personas acudena visitarlo diariamente, grupos de estudiantes, parejas, amigos y familias enteras deslumbrados por las variadas técnicas de arquitectura que ahí confluyen. El anfiteatro construído en el Siglo I es uno de los monumentos más famosos de la antigüedad clásica y originalmente era denominado Anfiteatro Flavio (Amphitheatrum Flavium), en honor a la Dinastía Flavia de emperadores que lo construyó, y pasó a ser llamado Colosseum por una gran estatua ubicada junto a él, el Colos de Nerón, no conservada actualmente. En el Coliseo tenían lugar luchas de gladiadores y espectáculos públicos, por lo que es común ver a los romanos vestidos de Gladiadores para ofrecerte la foto del recuerdo.
Las filas para ingresar al interior del Coliseo son gigantescas y eso que entrar no es barato (alrededor de 10 euros) pero nadie que está a las afueras quiere perderse la magia de sentir y palpar ese mármol antiguo e histórico con el que se construyó.
Luego de más de 40 minutos parados en la línea para ingresar, por fin, compramos los tickets (sin aprovechar el descuento a periodistas, pues no sabíamos que podríamos haberlo hecho) y entramos a ese gran estadio que alguna vez tuvo aforo para 50 mil espectadores con 80 filas de gradas, donde se sentaron emperadores y gente común.
Declarado por la Unesco en 1980 Patrimonio de la Humanidad, el Coliseo por dentro es igual de imponente que por fuera, el paso del iempo no se puede negar, terremotos naturales y artificiales han dejado su estructura seriamente dañada, con 189 metros de largo por 156 de largo, en este enorme edificio ovalado dicen que viven millones de gatos, pero en mi estancia no vi nunguno, sin embargo cada una de sus piedras son fuertes y al centro un pasto verde y cuidado se contempla, tratamos de tomar todas las fotos posibles, desde los diferentes ángulos del lugar, pero ninguna de esas tomas puede reflejar la verdadera sensación de estar ahí dentro, subir y bajar los estrechos escalones de apenas unos centrímentos de ancho, imaginar a los millones y millones de personas que han pasado por ahí y pensar que si esas piedras hablaran podrían relatar infinidad de historias.
La vista desde ahí al resto de Roma es espectacular, por un lado la ciudad antigua con ese sabor tan peculiar y por el otro, la Roma moderna con autobuses y automóviles de todos tamaños que van de un lugar a otro con sus alocados conductores.
Luego de algunas horas recorriendo sus rincones, salimos de ahí victoriosos, como si hubieses librado con bien la batalla en la época de los gladiadores, al salir en las inmediaciones del lugar, fueron más de una las mujeres ataviadas de novia que vi, tomándose fotos del gran día en un lugar lleno de historia, magia y eternidad, la misma eternidad que ellas buscaban para su historia de amor...















