sábado, 25 de julio de 2009

Pequeñas chispas de felicidad



Una buena charla, una exquisita comida, una vista extraordinaria en el centro de la ciudad más grande del mundo, una mirada de complicidad, una sonrisa y un beso para coronar el sensacional día... esa es para mi la felicidad!
Detalles cotidianos: caminar bajo la lluvia compartiendo un paraguas que costó 20 pesos, escoger juntos el menú, pedir dos postres para compartir y comer de los dos platos... saboreando un delicioso e inolvidable hot fudge de chocolate con el infaltable helado... hablar del gimnasio, la música, los amigos. Saber que le gustas, confirmar que te encanta...
Tomarte un starbuck's con sus amigos, reírte de sus bromas, decir dichos al revés, sentir su cercanía, que te guiñe un ojo, que te sonría, que te explique cosas que no entiendes, que descubras el mundo de su mano... esa es para mi la felicidad!
Cosas que parecen simples, pero que dan sentido a la vida, como compartir una canción y cantarla en el coche, hablar de cine y de las series de TV, comprarle una taza en tu más reciente viaje y llenarla de chocolate, pero olvidar dársela y así tener un pretexto para volverlo a ver...esa es MI felicidad!
Pequeñas chispas de vida, de magia y de entrega, que todas juntas conformen nuestra historia, que sin dudas o expectativas muy altas, me hagan alcanzar la única y verdadera gran felicidad!

lunes, 6 de julio de 2009

Un cuento...

"Había una vez un niño con ojos color de miel, al que le gustaba comer helado y, sin darse cuenta, salpicaba con su dulce a quien estaba a su alrededor... Un día llegó hasta donde él estaba una mujer triste que arrastraba un costal de frutas amargas, al toparse con el niño en una tarde de invierno, se sentó a su lado pero ni siquiera lo miró... pues su pesada carga de sabores agridulces la mantenían entretenida mirando hacia otro lado, el niño, con su risa contagiosa y su chispa natural, llamó la atención de aquella mujer que sin proponérselo se embelesó con la ternura que le provocaba la inocencia y transparencia del muchacho. El niño, sin saber cuanto había llamado la atención de la mujer, siguió jugando, satisfecho con el delicioso sabor de aquel helado y como no se daba cuenta de que alguien lo observaba de tan cerca, no dejó de comer esa exquisita golosina con la que endulzaba su existir, así que de pronto, y como siempre lo hacia con quien estaba cerca de él, la salpicó con su helado, ella empezó a sentir las pequeñas gotas frías y dulces en su cara y una refrescante sensación la fue haciendo olvidar su carga ácida y amarga, tanto que dejó el costal olvidado en un viejo árbol donde los frutos no podrían retoñar, el niño al darse cuenta que esa mujer que lo miraba era tan feliz al verlo, también se sintió feliz y entendió que salpicar de dulce la vida de los demás era algo que venía haciendo desde hace tiempo, pero que hasta que esa mujer se lo hizo ver es que tuvo un sentido su despilfarre de sabor. Hoy, el muchacho y ella son excelentes amigos, pues el niño la salpica con su dulzura siempre que puede y cuando lo hace, ella no deja de sonreír... y por su parte, la mujer está aprendiendo a comer helado para salpicarlo de vez en cuando de ese meloso sabor, así, ambos saben que cuentan con el otro y que pasé lo que pasé siempre podrán comerse un helado juntos, pues ambos cuentan en todo momento con la ternura del otro para deshacer la ácidez de los frutos con los que a veces se topan. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado".