
En Ciudad Juárez todo es "No hay, no se puede y no se pudo"; las estadísticas de mujeres asesinadas no dejan de aumentar y la cinta, protagonizada por Ana de la Reguera, sólo muestra un pequeño reflejo de la realidad fronteriza
Ignorancia, corrupción, machismo y violencia, todos, sinónimos de lo que se vive en la frontera norte del país, en una sociedad que sufre y grita ante el dolor de sus mujeres, pero no es escuchada.
Las 350 copias con que la cinta Backyard, el Traspatio, de Carlos Carrera, estrenó el fin de semana en las salas de cine del país, seguramente no serán suficientes para concientizar a la sociedad sobre las atrocidades que suceden a diario en Ciudad Juárez.
La denuncia que el guión de Sabina Berman logra es impecable. La actuación de Ana de la Reguera resulta plausible y Carrera confirma porque después de El Crimen del Padre Amaro su carrera va en ascenso.
En un lugar alejado de la mano de Dios, donde las cifras de mujeres asesinadas aumentan sin tregua alguna, filmar una película de denuncia no fue sencillo. Pero lo que sí, fue convencer a Ana de despojarse del glamour y la belleza que la caracterizan para dar vida a una policía fronteriza obsesionada con los feminicidios del lugar.
La crudeza con la que la historia es abordada, retrata el horror con el que las mujeres viven bajo el yugo de las cifras que se disparan cada noche con un nuevo asesinato y que, a pesar de su cautela, saben que pueden ser la siguiente.
El estrato social de los asesinos no importa, puede ser un novio recién llegado del sur del país, un acaudalado empresario depravado, un violador callejero o un loco desquehacerado incapaz de no satisfacer sus más básicos instintos.
El modus operandi, siempre es el mismo, mujeres que aparecen ultrajadas emocional y físicamente, desgarradas y hasta mutiladas, pues por el simple hecho de ser el sexo débil deben someterse a los deseos de terceros.
¿Y las autoridades? esas no aparecen, los cientos de mujeres invadidas y despreciadas, ya no pueden alzar la voz y quien la levanta por ellas de inmediato es abruptamente silenciado.
El filme resulta crudo, impactante y estremecedor, pero nunca como las frías estadísticas que señala. La historia de la cinta puede parecer exagerada, pero quienes viven en Juárez y entierran cada cierto tiempo a sus mujeres, no piensan lo mismo.
Las madres de negro, como les llaman a quienes lloran y sepultan a las muertas, son de carne y hueso, y pese a que vociferan sus terrible tragedia parece que gritaran en silencio.
La denuncia está hecha y para quienes vivimos alejados de la realidad fronteriza pareciera una cinta más, pero quizá sea esta la única oportunidad de palpar y sentir una verdad que nos rebasa.
Por desgracia, nada cambiará en el norte; el Traspatio del país vecino seguirá corrupto, sucio y ensangrentado, pero pareciera necesario y urgente voltear la mirada hacia la parte trasera de una existencia contrapuesta a la ilusión de que en nuestro querido México no pasa nada.

