Los detalles, los contaré después...
Por ahora sólo puedor decir "INCREÍBLE" y ABSOLUTAMENTE FELIZ!!!!
Really, Grazie!
Ya sabes que es para ti!
domingo, 24 de mayo de 2009
sábado, 16 de mayo de 2009
Todos los caminos llevan a Roma...amoR
Capítulo 1
Dicen que sueñes con fuerza, desees con el alma y seguro se cumplirá... Así fue como llegué a Roma.
La capital italiana tiene historia, estilo y magia, tres ingredientes que cautivan a los millones de visitantes que la caminan a diario. Sus calles, sus monumentos y su magnífica vista hacen de ella un lugar inolvidable...
Arribé una tarde de viernes, muy cerca ya del ocaso, mi vuelo venía de Amsterdam, ciudad donde hice la primera escala luego de más de 10 horas de viaje desde la Ciudad de México.
Tras recoger mi maleta en la banda del aeropuerto Leonardo Da Vinci o también llamado Fiumicino, me encaminé hacia los taxis para dirigirme al antiguo y famoso Hotel Westin Excelsior en la Vía Veneto, donde tenía mi reservación y el cual sería mi base por los cinco días que disfrutaría en la Ciudad Eterna...
Fue ahí en el aeropuerto, ese que a Roberto le parece tan poco agradable, que tomé las primeras fotos de un viaje lleno de magia.
Con algunos compañeros periodistas abordé una camioneta tipo van color negro que nos llevó a nuestro destino y junto a los primeros letreros italianos llegó la certeza de saber que ese sueño cumplido cambiaría para siempre mi perspectiva de vida.
El Fiumicino se encuentra a 32 Km. del centro de Roma, en un rápido trayecto de autopista a través de la Autostrada Roma-Fiumicino; mientras el chofer del taxi, quien nos cobró 60 euros y era un típico conductor italiano un poco atrabancado, se desplazaba por las calles de la ciudad, mi mente viajaba para imaginar las mágicas historia de ese lugar tan singular.
Poco a poco fueron apareciendo ante mis ojos las enormes construcciones romanas llenas de historia: el Coliseo, el Vaticano y la famosa Fuente de Trevi estaban a sólo unos minutos, los arcos y pasadizos de la Ciudad Eterna se magnificaban conforme nos adentrabamos en sus calles y una emoción invadía mi cuerpo entero presagiando un futuro insospechado...
Tras registrarme en el hotel y subir a mi habitación, escuché al botones tocar la puerta del 215 para dejar mi equipaje, de inmediato me cambié: otros jeans, un sweater rojo y una bufanda color gris porque la noche estaba fría, y bajé al primer piso para cenar.
Escogí una mesa en la terraza del resturante llamado Doney en el hotel, y esperé a que el capitán me ayudara a elegir el menú para esa noche.
"Buona Sera Signorina", me dijo Massimo, con su muy particular acento, y eligió para mi unLinguine alla granseola con rucola e vodka, deliciosa pasta servida en una concha de cangrejo sazonado con arúgula y un poco de licor ruso; vino tinto de la casa, una botella de San Pellegrino y de postre un exquisito Dolce Vita, que como la película de Fellini, era completamente apasionado.
Para no perder más el tiempo, y como Massimo ya era mi amigo, me recomendó que disfrutara de la noche caminando por las calles romanas rumbo a la Piazza Barberini, la cual quedaba a unas cuantas cuadras del hotel sobre la vía Vittorio Veneto, y así lo hice.
Con mapa en mano, mismo que el concierge del hotel ya me había señalado, me dirigí al lugar más lleno de magia de toda Roma, donde más tarde encontraría la razón de mi existir: La Fontana di Trevi.
Dicen que sueñes con fuerza, desees con el alma y seguro se cumplirá... Así fue como llegué a Roma.
La capital italiana tiene historia, estilo y magia, tres ingredientes que cautivan a los millones de visitantes que la caminan a diario. Sus calles, sus monumentos y su magnífica vista hacen de ella un lugar inolvidable...
Arribé una tarde de viernes, muy cerca ya del ocaso, mi vuelo venía de Amsterdam, ciudad donde hice la primera escala luego de más de 10 horas de viaje desde la Ciudad de México.
Tras recoger mi maleta en la banda del aeropuerto Leonardo Da Vinci o también llamado Fiumicino, me encaminé hacia los taxis para dirigirme al antiguo y famoso Hotel Westin Excelsior en la Vía Veneto, donde tenía mi reservación y el cual sería mi base por los cinco días que disfrutaría en la Ciudad Eterna...
Fue ahí en el aeropuerto, ese que a Roberto le parece tan poco agradable, que tomé las primeras fotos de un viaje lleno de magia.
Con algunos compañeros periodistas abordé una camioneta tipo van color negro que nos llevó a nuestro destino y junto a los primeros letreros italianos llegó la certeza de saber que ese sueño cumplido cambiaría para siempre mi perspectiva de vida.
El Fiumicino se encuentra a 32 Km. del centro de Roma, en un rápido trayecto de autopista a través de la Autostrada Roma-Fiumicino; mientras el chofer del taxi, quien nos cobró 60 euros y era un típico conductor italiano un poco atrabancado, se desplazaba por las calles de la ciudad, mi mente viajaba para imaginar las mágicas historia de ese lugar tan singular.
Poco a poco fueron apareciendo ante mis ojos las enormes construcciones romanas llenas de historia: el Coliseo, el Vaticano y la famosa Fuente de Trevi estaban a sólo unos minutos, los arcos y pasadizos de la Ciudad Eterna se magnificaban conforme nos adentrabamos en sus calles y una emoción invadía mi cuerpo entero presagiando un futuro insospechado...
Tras registrarme en el hotel y subir a mi habitación, escuché al botones tocar la puerta del 215 para dejar mi equipaje, de inmediato me cambié: otros jeans, un sweater rojo y una bufanda color gris porque la noche estaba fría, y bajé al primer piso para cenar.
Escogí una mesa en la terraza del resturante llamado Doney en el hotel, y esperé a que el capitán me ayudara a elegir el menú para esa noche.
"Buona Sera Signorina", me dijo Massimo, con su muy particular acento, y eligió para mi unLinguine alla granseola con rucola e vodka, deliciosa pasta servida en una concha de cangrejo sazonado con arúgula y un poco de licor ruso; vino tinto de la casa, una botella de San Pellegrino y de postre un exquisito Dolce Vita, que como la película de Fellini, era completamente apasionado.
Para no perder más el tiempo, y como Massimo ya era mi amigo, me recomendó que disfrutara de la noche caminando por las calles romanas rumbo a la Piazza Barberini, la cual quedaba a unas cuantas cuadras del hotel sobre la vía Vittorio Veneto, y así lo hice.
Con mapa en mano, mismo que el concierge del hotel ya me había señalado, me dirigí al lugar más lleno de magia de toda Roma, donde más tarde encontraría la razón de mi existir: La Fontana di Trevi.
sábado, 9 de mayo de 2009
Buonanotte buonanotte amore mio

Canción: Francesco De Gregori
Buonanotte buonanotte amore mio
buonanotte tra il telefono e il cielo
ti ringrazio per avermi stupito
per avermi giurato che e' vero
il granturco nei campi e' maturo
ed ho tanto bisogno di te
ti ringrazio per avermi stupito
per avermi giurato che e' vero
il granturco nei campi e' maturo
ed ho tanto bisogno di te
la coperta e' gelata e l'estate e' finita
buonanotte questa notte e' per te.
buonanotte questa notte e' per te.
Buonanotte buonanotte fiorellino
buonanotte tra le stelle e la stanza
per sognarti devo averti vicino
e vicino non e' ancora abbastanza
ora un raggio di sole si e' fermato
proprio sopra il mio biglietto scadut
otra i tuoi fiocchi di neve e le tue foglie di te
otra i tuoi fiocchi di neve e le tue foglie di te
buonanotte questa notte e' per te.
Buonanotte buonanotte monetina
buonanotte tra il mare e la pioggia
la tristezza passerà domattina
la tristezza passerà domattina
e l'anello resterà sulla spiaggiagli uccellini nel vento
non si fanno mai malehanno ali più grandi di me
e dall'alba al tramonto sono soli nel sole
non si fanno mai malehanno ali più grandi di me
e dall'alba al tramonto sono soli nel sole
buonanotte questa notte è per te.
viernes, 8 de mayo de 2009
La extraña compulsión por el gelato
Surgió una tarde, rara y calurosa, pero absolutamente inolvidable...
Sus ojos cafés me vieron y sus palabras en otro idioma me sedujeron.
Ni siquiera recordaba que ya lo habíamos comido, en una tarde de cine,
todo empezó como un postre, hoy es el "dolce" de mi vida.
Los he probado de tan distintos sabores en este último mes y medio, en México y en Italia, todos me recuerdan su mirada... profunda, seductora y coqueta.
Frente a la Fuente de Trevi no me pude contener, fue mucho más que el simbolismo y para ser muy honesta, los dos que degusté, Cioccolato y Tiramisu e Tartufo, lo hice pensando en él...
No sé si se ha vuelto tradición, quizá una simple conexión... o un mero antojo cumplido, pero siempre terminamos comiendo uno de diferente sabor: Moka, vainilla, amaretto, con chispas de chocolate, galleta oreo o un crunch... El de hoy fue de avellana, el mío se llamaba Bacio...
El gelato, real, no importa, es la magia que lo envuelve... es como haber descubierto un mundo entre su dulzura, una pasión desbordada con textura delicada, que a temperatura baja llega a producir en mi un puente a sus sentimientos que también parecen fríos, pero tal vez se deshagan con el sutil calorcito de un cariño sincero.
No me canso de comerlos, y tal vez nunca lo haga, esta compulsión extraña tiene sabor exquisito, y me gusta irlo probando, de a poquito y cada y cuando, porque así sabe más rico.
Sus ojos cafés me vieron y sus palabras en otro idioma me sedujeron.
Ni siquiera recordaba que ya lo habíamos comido, en una tarde de cine,
todo empezó como un postre, hoy es el "dolce" de mi vida.
Los he probado de tan distintos sabores en este último mes y medio, en México y en Italia, todos me recuerdan su mirada... profunda, seductora y coqueta.
Frente a la Fuente de Trevi no me pude contener, fue mucho más que el simbolismo y para ser muy honesta, los dos que degusté, Cioccolato y Tiramisu e Tartufo, lo hice pensando en él...
No sé si se ha vuelto tradición, quizá una simple conexión... o un mero antojo cumplido, pero siempre terminamos comiendo uno de diferente sabor: Moka, vainilla, amaretto, con chispas de chocolate, galleta oreo o un crunch... El de hoy fue de avellana, el mío se llamaba Bacio...
El gelato, real, no importa, es la magia que lo envuelve... es como haber descubierto un mundo entre su dulzura, una pasión desbordada con textura delicada, que a temperatura baja llega a producir en mi un puente a sus sentimientos que también parecen fríos, pero tal vez se deshagan con el sutil calorcito de un cariño sincero.
No me canso de comerlos, y tal vez nunca lo haga, esta compulsión extraña tiene sabor exquisito, y me gusta irlo probando, de a poquito y cada y cuando, porque así sabe más rico.
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