Ganador sin corona, eso es Mickey Rourke, quien a pesar de no quedarse con el Oscar a Mejor Actor por la cinta The Wrestler, realizó el mejor papel de su carreraDefinitivamente el deporte de la lucha no es lo mío. Descubrí que existía hace varios años cuando mi novio me llevó a la Arena Coliseo en Guadalajara a ver un espectáculo de esos y aunque no me aficioné, debo decir que realmente me sorprendió.
Ver a aquellas mujeres de todas la edades y complexiones gritando emocionadas por los luchadores sobre el ring, a esos hombres corpulentos y hasta grasientos hacer piruetas y ultrajarse para luego salir entre gritos y recordatorios familiares fue bastante kitsch para mi en ese entonces, por lo que confieso que nunca imaginé comprar, sin que nadie me obligara o acompañara, un boleto del cine para ver una película sobre luchadores, y este fin de semana, simplemente, lo hice.
Y es que El Luchador (The Wrestler) más que una cinta de peleadores acróbatas sobre el cuadrilátero, es una historia de lucha por, contra y para la vida.
Una de las razones que me llevó a la sala a ver el filme fue, sin duda, Mickey Rourke, a quien conocí a través de la cinta Nueve semanas y media, la cual también confieso tuve que ver en video años después de su estreno en cartelera porque no me dejaban entrar a ver una película taaan fuerte, y comprobé que aquel dicho que reza por ahí "renovarse o morir" le queda como anillo al dedo a este actor, estrella de los 80, que está más vivo que nunca.
Su sueño en la niñez era ser boxeador y fue justo sobre un ring donde realizó su más importante papel: personificar a los 58 años a un luchar fracasado, que vive de sus años de gloria y que le valió, además de la nominación al Oscar como Mejor Actor, el premio Bafta, el Globo de Oro, el Spirit Award y varios galardones de la crítica especializada.
De origen neoyorquino, Mickey llegó a ser un sex symbol en los tardíos 80 y a principios de los 90, pero lo que logra transmitir en El Luchador, trasciende cualquier actuación que haya realizado antes.
La cinta es cruda, impactante y te hace reflexionar en la decadencia del ser humano y en como los excesos de un momento de triunfo pueden acabar con cualquier gloria.
Contiene escenas desgarradoras e inmensamente bruscas; los golpes que este hombre recibe son sobre un espacio límitado por cuerdas, pero el eco de cada manotazo, de cada porrazo contribuyen al infortunio de una vida sin sentido.
Aseguran que cada uno es el arquitecto de su propio destino y que tenemos simplemente lo que merecemos, pero ¿quién busca acabar solo, fracasado y sin esperanza?
Para mi gusto, Mickey Rourke, debió ganar el Oscar, pero aún no soy miembro de la Academia, sin embargo la historia dirigida por Darren Aronofsky, es mucho más que una película para machos aficionados a la violencia, el golpe emocional que produce realmente te deja viendo estrellitas. Pero eso sí, les aseguro que no me aficionaré a este deporte, porque al verlo tan de cerca comprobé que como dije al principio, no es, para nada, lo mío.
Ver a aquellas mujeres de todas la edades y complexiones gritando emocionadas por los luchadores sobre el ring, a esos hombres corpulentos y hasta grasientos hacer piruetas y ultrajarse para luego salir entre gritos y recordatorios familiares fue bastante kitsch para mi en ese entonces, por lo que confieso que nunca imaginé comprar, sin que nadie me obligara o acompañara, un boleto del cine para ver una película sobre luchadores, y este fin de semana, simplemente, lo hice.
Y es que El Luchador (The Wrestler) más que una cinta de peleadores acróbatas sobre el cuadrilátero, es una historia de lucha por, contra y para la vida.
Una de las razones que me llevó a la sala a ver el filme fue, sin duda, Mickey Rourke, a quien conocí a través de la cinta Nueve semanas y media, la cual también confieso tuve que ver en video años después de su estreno en cartelera porque no me dejaban entrar a ver una película taaan fuerte, y comprobé que aquel dicho que reza por ahí "renovarse o morir" le queda como anillo al dedo a este actor, estrella de los 80, que está más vivo que nunca.
Su sueño en la niñez era ser boxeador y fue justo sobre un ring donde realizó su más importante papel: personificar a los 58 años a un luchar fracasado, que vive de sus años de gloria y que le valió, además de la nominación al Oscar como Mejor Actor, el premio Bafta, el Globo de Oro, el Spirit Award y varios galardones de la crítica especializada.
De origen neoyorquino, Mickey llegó a ser un sex symbol en los tardíos 80 y a principios de los 90, pero lo que logra transmitir en El Luchador, trasciende cualquier actuación que haya realizado antes.
La cinta es cruda, impactante y te hace reflexionar en la decadencia del ser humano y en como los excesos de un momento de triunfo pueden acabar con cualquier gloria.
Contiene escenas desgarradoras e inmensamente bruscas; los golpes que este hombre recibe son sobre un espacio límitado por cuerdas, pero el eco de cada manotazo, de cada porrazo contribuyen al infortunio de una vida sin sentido.
Aseguran que cada uno es el arquitecto de su propio destino y que tenemos simplemente lo que merecemos, pero ¿quién busca acabar solo, fracasado y sin esperanza?
Para mi gusto, Mickey Rourke, debió ganar el Oscar, pero aún no soy miembro de la Academia, sin embargo la historia dirigida por Darren Aronofsky, es mucho más que una película para machos aficionados a la violencia, el golpe emocional que produce realmente te deja viendo estrellitas. Pero eso sí, les aseguro que no me aficionaré a este deporte, porque al verlo tan de cerca comprobé que como dije al principio, no es, para nada, lo mío.
No hay comentarios:
Publicar un comentario